jueves, 17 de marzo de 2016

EDF! EDF!

Resulta que a lo tonto hay un buen puñao de videojuegos con una temática que se puede encajar perfectamente en el pulp. Igual los más evidentes que se te vienen a la cabeza son los pertenecientes a la saga de Lara Crotf, que lleva explorando tumbas y liándose a tiros con dinosaurios desde el 96. En la misma linea tenemos Nathan Drake, una especie de Indiana Jones con aires de Nathan Fillion (¿el nombre será coincidencia?) que se ha llevado los puzzles y los tiroteos de los primeros Tomb Raider a un campo más cinematográfico. Ahí está también L.A. Noir, los ya citados en otra entrada Grim Fandango y White Night y los gloriosérrimos spin off de zombis nazis de la serie Sniper Elite (por cierto, tenemos rebajadísimo el Zombi Army Trilogy en la store de Play Station, y hay que ser muy hijo de puta para no pillarlo). Desbarrando un poco me atrevería hasta a meter el magnífico Fallout New Vegas en la lista, con su visión postapocalíptica de las movidas entre bandas mafiosas y ese genial DLC en el que un científico mecánico loco te roba el cerebro. Crema. El rarunero estudio brasileño ACE Team se la ha sacado hace unos meses con The Deadly Tower of Monsters, un diablo-like con cibergorilas gigantes, aliens y demás cutreces de Serie B acompañado por la voz en off de un director de cine.

Los japos, que también hacen pulp pasado por su tamiz (Kazuo Koike que estás en los Cielos) aportan su visión del género en su producción de videojuegos, y de vez en cuando algún título no demasiado comercial en el mercado occidental llega a nuestras tierras y podemos disfrutar de chaladuras como los loquísimos Onechanbara, una oda al sexploitation más rijoso de la mano de una vaquera en bikini que descabeza zombis ayudada por una colegiala sexy. Ole.

Imaginaos estos bichos, pero 50 veces más grandes
Pero si hay algo que les gusta a los japos son los monstruos gigantes. Y de eso (entre otras cosas) va el EDF (Earth Defense Force) del título de la entrada. Y es que todo huele a pulp en esta veterana saga de videoluegos, cuyo origen se remonta a 2003 con su primera aparición que es ya toda una declaración de intenciones: Monster Attack, el primero de la saga, se publicó en Japón en la colección Simple 2000 Series, una linea de videojuegos para PS2 que ofrecía títulos de calidad a regulera a precio de ganga (2000 yenes, de ahí el nombre de la colección). Lo dicho, EDF es pulp hasta a la hora de ser producido y editado. La premisa de los EDF pasa por meter en una batidora las pelis de insectos gigantes de los 50 y 60, el amor de los japos por los sentai (escuadrones de gente con pijamas de colorinchos), platillos volantes de todos los tamaños y como no, lagartos XXL. El resultado es un argumento que se mantiene invariable de un título a otro: aparecen en todos el mundo unos ovnis que parecen sartenes cromadas. Dichos ovnis empiezan a soltar sobre la tierra hormigas gigantes, arañas gigantes, robots gigantes y lagartos gigantes y la Humanidad lanza contra ellos a la Earth Defense Force, señores en pijama con unas pocas piezas de armadura de armadura encima y armas a cual más tocha. No hay más, porque no se necesita más. El juego se estructura en misiones que consisten en ir a un mapeado totalmente destructible y matar a todos los bichos. La mecánica es como el argumento: va al turrón. Por profundizar un poco, se podría decir que es un mosuo sin barra de musou, porque la cosa va de que tu solo, con tu soldadito enclenque, revientas sin pestañear miles de seres extraterrestres. A nivel técnico (que yo tampoco tengo mucha idea) puedo decir que visualmente  son juegos más feos que un señor cagando duro, pero mueven sin tirones una cantidad ridícula de elementos en pantalla. Solo en el que estoy jugando actualmente, el de PS4, he notado alguna caída escandalosa de frames cuando el cañón de plasma de las Wing Divers convierte en pulpa a un grupo de hormigas, pero estoy hablando de petar de un sólo tiro a 60 o 70 bichos, y texturas que tardan varios segundos en cargar al inicio de la misión. Por lo demás, va todo pretty smooth.

Y bien. Si el guión es una mierda, las misiones repetitivas* y técnicamente una patata, ¿porqué estoy hablando de EDF? Pues además de por ser requetepulp y esto es un blog sobre pulp porque es un juego al que da gustico jugar. Hace poco en Anait Games Chiconuclear escribía un artículo sobre Cookie Clicker y demás iddle games en el que se centraba en la extraña satisfacción que tenía clickar sobre una galleta para ver subir un número, y hacía una traspolación del concepto que me dejó el culo torcido, al considerar que Diablo se regía por el mismo principio: Diablo consiste en eso, en clickar sobre monstruos que dropean armas para ver subir nuestro numerito de daño.


Aquí pasa todo


Estoy convencidísimo de que detrás de esto hay una patología, igual no es nada grave, pero es una patología. Es algo que hace que algunos humanos nos comportemos como ratas de laboratorio que pulsan un botón para que caiga un grano de maíz. Pero en nuestro caso la recompensa es algo metafórico, es un número simplemente, pero que llena un vacío que nosotros mismos nos creamos con el primer click. EDF, aunque su mecánica de shooter sea un poco más compleja, funciona bajo el mismo principio: matamos bichos que dropean armas para con esas armas poder matar más bichos que dropean más armas. Es un sistema de esfuerzo y recompensa en el que, en definitiva la recompensa no es salvar a la Humanidad, sino ver cómo aumenta nuestra capacidad de borrar puntos rojos de un mapa, en definitiva y si reducimos el juego números, la recompensa es hacer crecer un número que si se le desnuda de significante (las hormjgas gigantes en este caso) no tienen más significado que representar que hemos cumplido una tarea. Yo soy raro, y estoy de lo mío, así que para mi acabar cosas es algo tan satisfactorio como hacerlas: me encanta pintar miniaturas, pero obtengo la misma satisfacción cuando doy el último toque, barnizo y pongo a ese guerrero de Khorne en su estantería. Me encanta leer, pero también me encanta terminar mi libro o mi comic y colocarlo en su lugar en la estantería. Igual es simplemente una manera de sentir que avanzo en una dirección. Tengo claro que es un trastorno, pero es uno muy extendido, y del que muchos videojuegos se aprovechan para tenernos enganchados horas agarrados al mando. Tampoco creo que sea algo necesariamente negativo, pues es algo que impulsa a hacer cosas. 

Es una zanahoria atada a un palo, sólo que sabemos de la existencia del palo y entramos en su juego.



*Me hace mucha risa ver en foros de internec a gente que se queja de que determinados juegos son repetitivos y luego miras su perfil de usuario y tienen como juego favorito el FIFA, que es variado que te cagas, pero en fin.


Jae Tanaka