martes, 2 de febrero de 2016

El Ministerio del Tiempo, el Ministerio del Pulp



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Todos los gobiernos del mundo tienen secretos, y España no podía ser menos. Nosotros tan sólo tenemos uno, aunque es muy antiguo. El nuestro es una división del gobierno, un ministerio que en sus orígenes nació como un despacho de la corona en tiempos de los Reyes Católicos, y cuyo fin es vigilar y controlar una serie de puertas que comunican nuestro presente con el pasado, para que nadie utilice el tiempo en beneficio propio y la línea temporal se mantenga íntegra. Porque el tiempo es el que es. Hablamos de El Ministerio del Tiempo.

En serio, cuando hace cosa de un año la televisión pública española nos anunciaba una serie de producción propia que, en líneas generales, contaba lo que he resumido arriba, la primera sensación que nos recorrió a los aficionados al género fue de absoluta incredulidad y de escepticismo. Coño, que hablamos de España. Y en España, una serie de corte fantástico, era poco menos raro que oír a Paquirrín hablando de física cuántica. Primero porque en un país en el que los Carlos Boyero de turno, y su corte de lamedores de orificios, son el epítome de lo que debe ser considerado cultura de forma oficial, los malditos prejuicios que se tiene hacia los géneros de fantasía y ciencia-ficción pesan más que un mal matrimonio. Y segundo por nuestra legítima incredulidad hacia lo que se había hecho hasta ese momento. Vale, teníamos nuestras Historias para no dormir, a la que Jae tanaka dedicó hace unos días una entrada cojonuda, que es prehistoria televisiva, y Plutón B.R.B. Nero, el homenaje hispano de Alex de la Iglesia, uno de los nuestros, a la legendaria Red Dwarf era eso, una comedia y una excepción… Así que no cuenta. Es que, ojito al listado rápido, háganse ustedes cuenta del historial televisivo que hemos sufrido en España desde los años 90, auténtico festival del despropósito cuando hablamos de género de fantasía o ciencia-ficción: El Barco, Los Protegidos, El Internado, La Fuga, Piratas o Alatriste (Dios, pero que enorme es Telecinco produciendo auténtica basura… un día habría que dedicarles una entrada, que se lo han ganado a pulso). Y muy probablemente los padres de El Ministerio del Tiempo, los hermanos Pablo y Javier Olivares, pensaron en más de un momento que su idea era una auténtica locura. 

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Pero se produjeron dos fenómenos extraordinarios. El primero que esos dos soñadores, los hermanos Olivares, lucharon por lograr que ese proyecto inviable en España se hiciera realidad. Y el segundo que una parte muy especial de los espectadores, curiosamente la más desencantada con nuestra televisión, aceptamos embarcarnos en esa aventura de forma incondicional. Y sucedió lo que sucedió. Pura magia.

La noche del lunes 24 de febrero nos sentamos frente a la pantalla para, por vez primera en nuestra televisión, despertar eso que los anglosajones llaman Sense of Wonder, el Sentido de la Maravilla. Durante ocho magníficos episodios de algo más de una hora conocimos a nuestra patrulla del tiempo. Si, nuestra. Porque desde el minuto uno decidimos, en mágica comunión, que Julian, Amelia Folch y Alonso de Entrerríos (Dios, que magnífico Alatriste habría sido Nacho Fresneda) eran nuestros. Irene, Ernesto, Angustias, Salvador o Velázquez; todos ellos, parte de nuestro equipaje sentimental televisivo. 


El primer fan-art que se hizo de
El Ministerio del Tiempo, y el que
más repercusión ha tenido. Y es
obra de Jae Tanaka... ¡¡¡Toma ya!!!
El Ministerio del Tiempo, al que muchos gilipollas con la boca más grande que los túneles de la M-30 llamaron el Doctor Who español antes de haberla visto, es un magnífico y valiente ejercicio de imaginación. Sus guiones, que después de mi último y reciente visionado de la serie terminado hace apenas ocho horas puedo describir como un asombroso mecanismo de relojería en el que todas las piezas encajan a la perfección, destilan un respeto enorme a los espectadores, a los que por vez primera en muchísimo tiempo tratan como a un igual, no como a tontos a los que hay que alimentar con cuerpos Danone, familias prefabricadas y humor chabacano. Sus guiones, que como decía son sencillamente geniales, construyen en la primera temporada las bases sólidas para un universo narrativo de fantasía que, en el mundo anglosajón (que sigue siendo el referente de estos temas por más que nos joda), podría extenderse hasta el infinito. Un universo narrativo que bebe de nuestra historia, nuestras raíces, nuestra cultura. La serie más española que se haya rodado, y la más moderna, sin ningún género de dudas. Una serie de la que, merito del talento extraordinario de todo el equipo que la ha creado, recordaremos para siempre como un hito esencial en nuestra ficción.

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Una serie con la que los integrantes de este blog teníamos una deuda, porque en un blog dedicado al Pulp y la cultura Pop El Ministerio del Tiempo tiene que ocupar un puesto privilegiado. Una serie por la que sentimos un cariño muy especial, y en la que hemos participado de forma más o menos directa verbigracia del equipo que maneja las redes sociales de Televisión Española. Gracias a ellos hemos podido conocer a sus protagonistas, y creadores, hemos hablado con sus guionistas y hemos participado de forma activa en sus iniciativas transmedia (si chavalería, El Ministerio del Tiempo es la primera producción española que ha sabido aprovechar los elementos que las narrativas transmedia ponen a nuestra disposición como creadores de historias para construir su universo). Es una serie que nos ha hecho sentir parte de una nueva familia de espectadores, los ministéricos, de los que somos miembros orgullosos. Una familia que consiguió un hito único en España, el de lograr, mediante una campaña de presión vía Twitter, la renovación de una serie cuyos datos de audiencia, que lejos de ser malos, no eran lo que las televisiones de ahora consideran suficientes. Una demostración que la serie ha calado en un perfil de espectadores nuevos, más modernos y mejor formados. Gente capaz de convertir a Lope de Vega o a Velázquez en Trending topic mundial durante días. ¡¡¡A nuestros clásicos!!! Si, a esos que en España olvidamos y despreciamos.

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En definitiva, una serie que desde un marcado espíritu aventurero, apostando por la calidad y el respeto al espectador, consigue que este país de charanga y pandereta redescubra a sus clásicos del Siglo de Oro, a su Generación del 27 (que levante la mano quien no le gritó a Julián que salvase a Lorca, coño), a Spinola, el Empecinado, etc. merece reinar en nuestros corazones de aficionados al género. Tengan por seguro que este servidor y Jae Tanaka estaremos clavados frente a la pantalla en muy, muy poco tiempo, disfrutando de esta maravillosa excepción. De esta joya que, qué diablos, nos merecíamos todos. Desde aquí envío nuestra gratitud incondicional a todos, absolutamente todos los responsables de este regalo que ha supuesto El Ministerio del Tiempo. Ojalá podamos seguir soñando mucho tiempo con cruzar la puerta 58.


Eduardo Martínez.