jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Jugamos al Retorno?

El título de esta entrada es la frase que, indefectiblemente y durante una buena pila de años decíamos o bien mi amigo Manolo o yo todas las tardes que arañábamos un rato a los deberes para poder juntarnos, que vivíamos puerta con puerta y parecía que los días no estaban completos del todo si no podíamos vernos un rato.


Kenner lo petó. Punto.  © Kenner
Jugar al Retorno consistía, como no es muy difícil de adivinar, en espanzurrarnos en el suelo rodeados de nuestros muñecos del Retorno (del Jedi) y montarnos unas historias mil veces más interesantes que las que podían acontecerle a cualquier crío de barrio de clase media de mediados de los 80. Jugar al Retorno era la epítome de la diversión, una droga de otra galaxia, aquello por lo que merecía la pena arrastrarse por las horas de colegio, pues eran el trámite necesario para la aventura. Jugar al Retorno era la polla.

Ya he dicho que éramos de clase media, así que no teníamos mogollón de Soldados de Asalto para montarnos las batallas de los anuncios de la tele, pero echándole ganas los pilotos de TIE y de AT-AT daban el pego, así que entre los dos sumábamos seis soldados imperiales contra los que los héroes (yo siempre jugaba con Luke, el de el mono beige de Bespin, mi favorito) podían descargar sus sables de luz o acribillar con sus láseres. ¡Qué tiempos aquellos en los que podías recrear escenas bélicas con tus juguetes (bélicos también) sin que metiesen a tus padres en el trullo!

Los sábados, además, jugar al Retorno consistía en irse al videoclub Carusso, alquilarse alguna de las tres pelis (Manolo, ¿nos alquilamos una del Retorno?), verla como si fuese la primera vez y luego meternos en su habitación o en la mía a jugar al Retorno. Queda claro que jugar al Retorno no consistía sólo en reproducir escenas del Episodio VI, sino de toda la trilogía, y también contar historias nuevas protagonizadas por Luke, Leia, Han, Chewie y algunos personajes que nos inventamos (En nuestros juegos, Boushh y Leia era dos personas diferentes, y bien que la liaba el cazarrecompensas retaco), creando así nuestro propio Universo Expandido.

Hay que ser muy hija de puta para no condecorar a Chewie, Leia.
 © Disney/Lucasfilms

¿Pero a que viene todo este tostón nostálgico? ¿Qué cojones, diréis, os importará mi infancia de niño gafotas ochentero? Pues viene a cuenta de que para muchos, que ya habíamos tonteado sin saber lo que era con el pulp gracias a las pelis de Tarzán o los tebeos del Capitán Trueno, Star Wars (La Guerra de las Galaxias por aquel entonces) fue nuestro primer contacto con ese pulp de tapadillo, ese pulp que no es pulp a primera vista pero que comparte un sinfín de puntos en común con el género que hace las veces de muro de carga de este blog. De hecho, se considera que una de las fuentes de inspiración de Lucas para crear la space opera más famosa de todos los tiempos (lo siento, trekkies, pero eso es así) fue La Legión del Espacio de Jack Williamson, que a su vez bebía de Los Tres Mosqueteros de Dumas. La obra de Williamson (que he de reconocer que no he leído) comenzó a publicarse, de acuerdo con Wikipedia, en la revista Astounding en 1934 como un serial dividido en 6 partes que posteriormente se recopiló en formato hardcover y contó con varias secuelas. Vamos, pulp requetepulp.

Como ya he dicho, no he leído La Legión del Espacio, así que no puedo comparar, pero los ingredientes pulp de Star Wars, sobre todo y en mi opinión en Episodio IV: Una Nueva Esperanza (la que en España, durante mogollón de tiempo se conoció como La Guerra de las Galaxias a secas) son más que evidentes. Me había planteado enfocar el artículo en esa dirección, en las raíces pulp de Star Wars (hablo de la segunda trilogía, la de los años 1977, 1980 y 1983) pero creo que todos los lectores del blog tienen en la cabeza un buen puñado de esos elementos. De modo que voy a dejar de lado eso, voy a dejar por sentado y reconocido que los episodios IV, V y VI son pulp y me voy a centrar en lo que he venido haciendo desde el principio: destacar el tirón emocional que el universo creado por Lucas tiene sobre los fans (los de verdad y los que se apuntan al carro, esos seres mononeuronales que dicen con una risa simiesca que son frikis porque ven Juego de Truños y juegan a Carcassone, la podredumbre de Nurgle malogre sobre su simiente)

Y es que Star Wars, la trilogía original, apela a algo muy profundo del ser humano. La trilogía del Jedi, la de Luke, como queramos llamarla, refleja, paso por paso y sin salirse ni un ápice del camino, el concepto del viaje del héroe de Campbell, que no es otra cosa que una manera de convertir esto que llamamos "vida" en algo dotado de significado. Es una interpretación 100% estética de la experiencia vital, y puesto que yo me especialicé en Filosofía de la Ciencia (¡eh! ¡que tengo estudios superiores y todo!) podría pasarme un par de horas poniéndole pegas, pero en realidad es una teoría con la que estoy de acuerdo en casi toda su extensión. Al fin y al cabo, el ser humano es religioso. No "religioso" en el sentido más extendido de la palabra. No hablo de creer en dioses ni nada parecido, sino que me refiero al significado más nuclear de la palabra, a su etimología, a ese "re-ligare" latino (ojocuidao que un latino es un señor con toga que habla con declinaciones, no Alejandro Sanz). El ser humano es un ser intrínsecamente religioso porque tiene una necesidad imperiosa, desde que deja de cagarse encima, de re-ligarse, de re-unirse con algo que dote de sentido al mero hecho biológico y absolutamente casual de existir. Repito que no hablo de dioses, ni de instancias superiores, ni de nada parecido. Yo soy una persona profundamente atea, pero me siento tan re-ligado con mi propia existencia como el más ferviente y sincero de los cristianos. La cosa no va de adscribirse a un credo, sino de buscar ser, además de estar.
"Te se pira la pinza, Tanaka"
Star Wars va de eso, de personajes que se re-ligan, que buscan un lugar al que pertenecer (a la Alianza Rebelde, a una familia perdida, a una pareja...), que luchan por ello sin desfallecer. Y es por eso por lo que la trilogía original cala tanto en el público, porque, permitidme el cuñadismo, va "directa a la patata". Todos y cada uno de los personajes de la trilogía clásica son una llamada a una faceta del ser humano: el entusiasmo, el descreimiento, la desconfianza, la ira, la lealtad... Emociones básicas, crudas, sentimientos que se muestran tal cual, de sopetón, y eso en definitiva también es el pulp, esa búsqueda del mensaje directo, de la frase sin doble sentido. El pulp, y Star Wars por ende, son como las camisetas de la linea Basic del Sprinfield: van a lo que van y sirven para lo que sirven (cubrirse el torso en el caso de las camisetas, mostrar  y despertar emociones desnudas en el del pulp), sin adornos, sin florituras, no hay otra interpretación posible. Una rosa es una rosa.

"Dame argo"  © Disney/Lucasfilms
En el momento en el que escribo este tostón filosófico estamos a menos de 24 horas del estreno de El Despertar de la Fuerza, el que sin duda es el evento friki del año (que conste que cada vez me da más porculo utilizar esa palabra). Los que leáis mis entradas sabréis que no pierdo la oportunidad de cagarme en el corazón de Disney, pero en este caso todo lo que he visto de la nueva película me tiene con un hype que no me cabe en los pantalones. Creo que la entrada de Abrams en la saga nos va a traer de vuelta todo lo que, inexplicablemente, Lucas nos quitó en la trilogía de Anakin, y no sólo porque según lo que he visto parece que han tirado del archivo de bocetos de McQuarrie para la dirección de arte, sino porque todo apunta a que nos va a devolver la emoción con mayúsculas.

La semana que viene, que ya habré visto la peli, haré mi entrada al respecto. Que os hable de ella como un ewok con capucha nueva o suelte vinagre por la boca es algo que ya sólo depende de Los Lejanos*.

*La versión castellana de Una Nueva Esperanza traduce the remote (el pequeño droide de entrenamiento) por Los Lejanos, en el que posiblemente sea el mejor error de traducción de la Historia, ya que dota a la escena de un misticismo que no tiene la versión original. Amén.

"Los Lejanos"  © Disney/Lucasfilms

Jae Tanaka