jueves, 12 de noviembre de 2015

Pilgrís ¿Quién dijo poderes?

Los autores de este blog estamos ya en la edad en que eso tan guay de reproducirse empieza a tener consecuencias nefastas en forma de churumbeles (sobrinos en mi caso), que son unas cosas que empiezan oliendo ácido y luego ya van creciendo y se convierten en una fuente inagotable de problemas. Uno de los más gordos viene en forma de la siguiente pregunta: ¿Cómo consigo yo que el primate este no se convierta en un encefaloplano que sólo juega al CoD y a FIFA y lee trilogías de todo a cien (en el optimista supuesto de que asuma que un libro sirve para algo más que para calzar mesas)?
¿Quieres sentir la cultura en tor pesho?
¿Quieres sentirla?

Si lo que buscas es no tener un Chucky de Cieza en la familia, tienes que empezar a moldearle desde pequeño, que si no luego no hay quien haga carrera de ellos y tienes que desheredarles o algo peor. Una buena manera de evitar esto es meterles en vena contenidos que le alejen de esas innata tendencia del ser humano a ser un trozo de carne con menos proyección intelectual que un embudo.

Hablando ya en un tono más serio, y desde la cómoda posición de no ser padre, vamos, la de no tener una responsabilidad directa sobre algo tan complicado como es la educación de un nuevo ser humano, creo que es imprescindible que los críos no sólo tengan acceso a "productos" culturales, sino que estos sean de calidad. A mi no me vale con que el chaval lea, creo que es necesario que lo que lea, sea bueno. Buenas pueden ser mil cosas, yo no voy de elitista por la vida, pero es evidentemente que hay productos muy populares que son la mierda. Además, últimamente se están "encalando" tanto los productos infantiles para que sean tan blancos, que pronto Peppa Pig va a ser para mayores de 12. Creo que si las AMPAS (tiene cojones el nombrecito) hubiesen visto a mi madre darme La Isla del Tesoro con 8 o 10 años le hubieran quitado la patria potestad (¿o igual es la matria potestad?) Creo, y repito que lo digo desde la comodidad de no ser responsable de la educación de ninguno de esos bonobos salvajes a los que llamáis hijos, que es primordial que el niño reciba estímulos que pongan en marcha tanto su creatividad como su imaginación. Ya tendrá tiempo de aprender a cocinar o a cantar si de verdad es eso lo que le apasiona, pero creo que poner a un mono de 8 años a hacer crudités de pepino del Nepal es una aberración que puede desembocar en un adulto aborrecible. Lo que tiene que hacer a esa edad es revolcarse por el barro, empezar a descubrir que el pito sirve para algo más que para mear y pensar en dragones. Lo que más mola de ser niño es ser un niño, joder, que luego creces y te ves haciendo un trabajo aburridísimo y escribiendo mierdas en un blog.
Ilustración de Diego Blanco

Pero yo he venido aquí a hablar de mi libro, o de un libro, por lo menos, y no a soltar soflamas. Ese libro es Pilgrís, ¿Quién dijo poderes?, escrito por Cristina García (Sico) e ilustrado por Diego Blanco. Es un librito de casi 100 páginas recomendado para mayores de 8 años, aunque yo creo que un crío más pequeño lo puede disfrutar igual, autoeditado bajo el sello Del Pulgar Ediciones de Diente de Perro. No estoy muy enterado del mundo de la autoedición, pero la presentación de este Pilgrís está a la altura de cualquier "libro de verdad", aunque no entiendo porqué no aparecen los nombres de los autores ni en la portada ni en el lomo. Mal. Pero como digo es un libro bonito, de esos que ojeas cuando estás curioseando sin una idea fija por la librería. Tres puntos, colega. Vamos al cuento en sí. Desde mi punto de vista, hace todo bien, porque no hace nada de lo que hacen los productos mainstream para críos. El prota, Pilgrís, es un chaval que, así en modo random, desarrolla poderes. Pero en vez de ser el más guay de la clase, el más estiloso, el que tiene un vlog con mogollón de visitas cual mozalbete de serie de Disney, es un pringao. No: un PRINGAO. Su vida apesta bastante, porque se acaba de mudar, su madre está para ingresarla en el frenopático y convive con un ¿gato? cuyo único objetivo en la vida es hacérsela lo más desagradable posible. Con este punto de partido, y siguiéndole en su primer día de cole, le pasan cosas contadas con un estilo ágil, desenfadado y un poco caótico a veces, pero con muchísima personalidad. La autora hace el uso de las palabras en mayúsculas como quién grita en Twitter, para que al lector no se le pase por alto lo que está diciendo, y habla a veces "desde fuera" al pobre Pilgrís, la mayoría de las veces para recordarle que es un PRINGAO, un RARITO, como repite muchas veces con un evidente sarcasmo. El arte de Diego Blanco le va como un guante, con su tratamiento feísta de los personajes, las perspectivas deformadas y una paleta apagada que poco tiene que ver con los habituales colores chillones de la ilustración infantil. Vale que es una novela para niños de 8 años y yo tengo 40, pero aún así me ha resultado imposible no identificarme con este chaval tan RARITO que por muchos poderes que tenga no deja de ser el "margi" de la clase. Y es que en definitiva, creo que todos los que estamos en esto de las historias de fantasía hemos sido los PRINGAOS de la clase, y los RARITOS, y seguimos siéndolo, y a mucha honra oiga, que por mucho que ahora se haya puesto de moda, los que de verdad vivimos esto (que en definitiva es un modo de vida) no dejamos de ser los PRINGAOS, y cuando al homo standard se le pase la tontería de Juego de Tronos y los Vengadores, podremos volver a nuestros cómodas y oscuras madrigueras de RARITO, a seguir haciendo nuestras cosas sin que nos toquen los cojones desde fuera.

El logo de Pilgrís es para tatuárselo de bonito.
Jae Tanaka.