jueves, 26 de noviembre de 2015

La mediocridad en el proceso creativo

Estos últimos días nos hemos llevado el sorpresón de que se está trabajando en un juego de rol basado en el universo de Máscaras de Matar, una novela de León Arsenal que si no habéis leído es el siguiente paso que tenéis que dar después de terminar de leer mi entrada (¡o antes!). Para mí, obra clave, y cumbre, de la fantasía española y cuyo lore da para mucho más de las escasas 300 páginas que tiene.

El jarro de agua fría me cayó encima cuando vi las primeras muestras de arte asociadas al proyecto. Solo tengo una palabra para describir el resultado: genérico. Me parecen perfectamente indistinguible de cualquier ilustración de D&D, Pathfinder, King of War o la mayoría de universos de fantasía actuales, exceptuando, por razones evidentes, a los retroclones. Una obra de la importancia de Máscaras de Matar no se merece "más de lo mismo".

No quiero que se piense que esta entrada es un ataque personal al ilustrador (de hecho, no he querido ni informarme de quién es, porque hasta es posible que le conozca) sino contra este modus operandi basado en el concepto de "riesgo cero" que condiciona tantísimos trabajos creativos que acaban revolcándose en la medianía cuando tienen chicha suficiente para destacar con un arte que se salga del corral. Por eso mismo no voy a acompañar esta entrada con ninguna imagen; no quiero hacer comparaciones, no quiero hacer hincapié en nada en particular, sino que partiendo del caso de Máscaras de Matar, quiero ir a cuchillo a por esa enfermedad congénita que padecen la gran mayoría de los procesos creativos y se los carga desde dentro.

Hablo con conocimiento de causa: llevo más de 18 años trabajando en cosas relacionadas con eso del arte (animación, ilustración, publicidad, etc...) y en muchas más ocasiones de las que tengo cojones de reconocer los artistas nos limitamos a trabajar en base a referencias de algo cuyo éxito está demostrado. Lo que se viene llamando, de toda la vida, copiar.

Vamos a un ejemplo práctico; el spot de la Lotería Nacional de estas Navidades: tenemos la misma historia del año pasado pero con otro personaje. Espera... ¿otro? Bueno, es al viejo de Up, pero un poco más joven, y con bigote y con las gafas redondas, que a ver quién es el guapo que asume una demanda por plagio de parte de la Disney. Estoy totalmente convencido de que el equipo responsable del spot es capaz de hacer algo mil veces mejor, mil veces más original, y exactamente igual de efectivo, y además, así se habrían ahorrado los muchos comentarios negativos que se está llevando. Pero a nivel de desarrollo artístico han sido conservadores, han ido a por "lo que ha funcionado antes" y el resultado no ha sido un mal trabajo en absoluto, si no simplemente algo con aires de déjà vu. Es como si a la hora de haber enfocado el producto hubiese cundido un pánico atroz a la más mínima innovación. Y si bien es verdad que las tendencias existen, sólo el que se las salta es el que hace avanzar una disciplina.

Ahora vamos a un ejemplo de lo contrario: ¿Sería Aquelarre una obra tan relevante en su aspecto gráfico si se hubiese limitado a ponerse a rebufo de otros juegos de rol contemporáneos, digamos Vampiro o Kult? No, desde luego que no.

La cosa es que los que tenemos la poca vergüenza de llamarnos a nosotros mismos creadores tenemos la obligación de eso mismo, de crear. Y es que a veces los artistas somos mucho de mirarnos al ombligo, de como dice el Señor Lobo en Reservoir Dogs "chuparnos las pollas" y de dejarnos llevar por lo guay que sabemos hacer nuestras cositas. Y eso está muy feo. Cuando entras en deviantArt, o en cualquier otra plataforma online que recoge el trabajo de muchos artistas de todo el mundo, y te das cuenta de que hay demasiadas obras iguales, que comparten paleta, composición, estilo de pincelada, recursos... es evidente que algo estamos haciendo mal. Como he dicho las tendencias existen, pero no podemos dormirnos en los laureles de "lo que sabemos que mola". Ningún creador parte de cero, ninguno, todos trabajamos sobre "algo", todos tenemos influencias y predilecciones, pero creo que muy negativo quedarnos en eso, en replicar lo que nos gusta, en limitarnos a volver a eso que nos hizo "clic" en la cabeza y nos obligó a coger un lápiz y ponernos a dibujar o a escribir o a componer. Tener talento creativo y limitarse a reproducir el trabajo de otro es desperdiciar ese talento.

Yo mojo las bragas con Jack Kirby y en mi estilo hay muchísimo de The King, y si bien hay veces que no puedo evitar hacer una ilustración que sea una referencia directa a su lenguaje, una copia sin valor, intento poner de mi parte. Por un lado, porque como Kirby sólo dibuja Kirby y nadie le llega ni a la suela del zapato, y porque creo que limitarse a copiarle es traicionar su legado. No creo que él estuviese satisfecho de ver cómo otro dibujante clona ese estilo que le convirtió en leyenda del cómic (debería serlo del arte universal, pero ya sabemos lo tiquismiquis que es el mundo de la cultura con según qué manifestaciones artísticas), si no de ver cómo su estilo es transformado en la obra de otro artista y se mezcla con el lenguaje personal de este. Esto de el arte es un ser vivo, y lo suyo es que se mezcle y se reproduzca dando lugar a organismos nuevos, interdependientes entre sí, pero con personalidad propia.

Volviendo al tema con el que he arrancado la entrada, las ilustraciones para Máscaras de Matar: yo no digo que las pudiese hacer mejor (que ni de coña), pero al menos intentaría hacer algo diferente.

Jae Tanaka.