jueves, 24 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!

¡Ya es Navidad! Las calles de nuestras ciudades se llenan de villancicos, luces, buenos sentimientos y niños mutilados por sus propios petardos, en una magnífica demostración del que el karma existe. Desde O.C.C.U.L.T. queremos desearos que paséis unas fiestas chulas; seáis cristianos, ateos o Caballeros de Ren. No hagáis mucho el cafre con la comida, y que, quien toque, os traiga mogollón de regalos.

¡Vamos a hacer un paréntesis en nuestras entradas hasta principios de año, pero volveremos con más mandangas pulp, fantasy y exploitation!

¡FELIZ NAVIDAD Y LARGA Y PRÓSPERA VIDA!





Eduardo Martínez (responsable de las secciones de fantasy y rol y payaso de la cara blanca).

Jae Tanaka (el otro).

martes, 22 de diciembre de 2015

Grandes personajes del Pulp: Elric de Melnibone


Elric de Melnibone, en una de sus representaciones
más conocidas, obra de Michael Whelan.
Para los que nos siguen desde que abrió el blog, que por fortuna parece que cada día sois más, a estas alturas de la película ya no debe de ser ningún misterio cuales son las preferencias y las referencias de los dos responsables principales de atentar contra el buen gusto semana tras semana. Un servidor se ha manifestado desde el primer día como un ferviente admirador de Robert E. Howard (en mi caso con Conan comenzó todo), y tenía pensado inicialmente pensado dedicar hoy la entrada a ese fenómeno conocido como pastiche, y por ende al que considero responsable primero de que Conan haya llegado a tener el impacto global que hoy tiene: Roy Thomas. Pero ya hablaré de Thomas más adelante, que hoy el cuerpo me ha pedido volver la mirada a un personaje y un escritor a los que hice referencia hace un par de semanas: Damas y caballeros, demos la bienvenida a la sección Grandes personajes del Pulp a Elric VIII, 428º Emperador de Melniboné; y a su padre creativo, el escritor británico Michael Moorcock.

Desde que Robert E. Howard sentara las bases de lo que a día de hoy llamamos Espada y Brujeria, la sombra de Conan se hizo tan alargada que durante décadas prácticamente ningún autor salió de los pasos marcados por el escritor tejano. Incluso Fritz Leiber, autor del ciclo de "Fafhrd y el Ratonero Gris", un autor genial del que hablaré más adelante, y que explora una vertiente hasta entonces poco explorada del género, nadie se había atrevido a subvertir los pilares de la Espada y Brujería. No sería hasta el año 1961 cuando, en el número 47 de la revista Science Fantasy, se publicase el relato The Dreaming City, obra de un autor de apenas 22 años de nombre Michael John Moorcock. En ese relato hace su primera aparición una de las figuras más emblemáticas de la literatura fantástica, Elric de Melnibone.

Haré las presentaciones: Aquí Michael Moorcock,
el padre de la criatura, aquí unos señores lectores del blog.
Hace un par de semanas decía que Andrzej Sapkowski era un escritor infinitamente superior a Moorcock, y lo sigo sosteniendo. Es más, afirmo que Moorcock, como escritor, es terriblemente mediocre. Sin embargo es un creador genial. Michael Moorcock fue uno de los pioneros de la Nueva Ola de la literatura de género. Un tipo que cogió los ingredientes sacrosantos del género de Espada y Brujería, de la literatura fantástica, y les dio la vuelta de forma absoluta. Un tipo de ideas geniales, capaz de crear dos personajes (sí, he dicho dos), que han marcado un antes y después: Elric de Melnibone y su espada rúnica, el demonio Stormbringer (Portadora de Tormentas o Tormentosa en algunas traducciones al castellano).

A la figura del poderoso bárbaro de pies calzados con sandalias, que armado con su espada y su fuerza bruta es capaz de pisotear los tronos enjoyados de la tierra hasta llegar a convertirse en rey de hombres debilitados por la civilización, Moorcock presenta a un auténtico antihéroe. Un emperador enfermizo, extremadamente culto y sensible, que detesta su posición. Frente al salvaje que se enfrenta a la hechicería, Elric es un poderoso hechicero, que no duda en hacer uso de sus artes para derrotar a sus enemigos. Elric, el emperador albino, que recorre los Reinos Jóvenes escapando, en vano, de su trágico destino. Puesto que es una de las múltiples encarnaciones del Campeón Eterno, un héroe condenado a protagonizar la lucha eterna entre el Orden y el Caos (otra de las geniales creaciones de Moorcok, que por un lado facilita la creación de un multiverso claramente coherente, y además ofrece un motor que genera todas las historias). Un personaje cuyos tintes trágicos que acabo de citar nos recuerdan la poderosa influencia de la obra de Shakespeare en los literatos británicos.

¿A que mola la réplica de Stormbringer?
Pues no miréis el precio, que os dejará de molar.
Y qué decir de las espadas gemelas Stormbringer y Mournblade, Tormentosa y Enlutada, temibles armas rúnicas, negras como la noche. Poderosos e inteligentísimos demonios en forma de espada, armas del Caos. Moorcock al crear a Stormbringer hizo por vez primera que un objeto fuera mucho más que un objeto, por poderoso o legendario que fuera este. Ya no hablamos de un artefacto poderoso que hay que o bien destruir o emplear para derrotar al enemigo, Stormbringer es el auténtico compañero de Elric; un personaje más que marca sus pasos y su destino final. 

A los relatos, y el ciclo formado por ocho novelas que Moorcock fue escribiendo entre 1973 y 1999 (que fueron escritas sin orden cronológico, y que en España han podido leerse en su día gracias a aquellas ediciones de Martínez Roca y a las últimas, magníficas todo sea dicho de paso, de Edhasa), hay que sumar una multitud de adaptaciones del personaje y su universo tanto al cómic como al universo de los juegos de rol. 

Portada original del número 14 de
"Conan The Barbarian", marzo de 1971.
El salto de Elric al mundo del cómic se produce en 1972 de la mano de, no podía ser de otra manera, el Conan de Roy Thomas y Barry Windsor-Smith. En dos entregas sucesivas de la serie mensual Conan the Barbarian, titulados “A Sword called Stormbringer” y “The Green Empress of Melnibone” (los números 14 y 15, de marzo y mayo de 1972), el cimerio descubre al público lector de cómics la existencia de ese otro personaje nacido en el pulp británico de los 60. Pero no sería hasta los años 80 cuando la Casa de las Ideas dejara que P. Craig Russell, siempre con guiones de Roy Thomas, creara la imagen definitiva del emperador. La novela gráfica Elric: The Dreaming City y la posterior miniserie de seis números no sólo sientan las bases estéticas de todo un universo narrativo, sino que son una obra de lectura imprescindible para cualquier amante del noveno arte y de la fantasía. A estas apariciones le sucederán muchas otras hasta llegar a la última adaptación, los dos tomos escritos por Julien Blondel y dibujados Didi Poli.

Y qué decir de los juegos de rol. Yo particularmente debo decir mucho, puesto que el primer juego al que dirigí partidas fue Stormbringer, en su edición española de Joc del original de la 4ª edición del original de Chaosium de 1990. Porque resulta que el universo de Elric, y por extensión del resto de encarnaciones del Campeón Eterno, ha visto ya siete versiones distintas de juego, desde la primera de Chaosium de 1981, hasta la séptima, ya publicada por Mongoose en 2007. Juegos que, con una ligera evolución en el sistema de reglas porcentual desde la primera a la última, han permitido ya a varias generaciones de jugadores ponerse en la piel de aventureros que luchan por su vida en el escenario trágico que son los Reinos Jóvenes, en los días del emperador Elric. 



Sin duda alguna, a pesar de la pluma excesivamente espartana de Moorcock, que en ocasiones puede rallar en lo vulgar (después de haberme merendado los libros de Elric, Corum y Hawkmoon, amén de otro par de Elric, creo que puedo afirmarlo sin reparos), Elric es un personaje tan atractivo, tan genial en su concepción, que ocupa un lugar de honor entre los grande iconos del Pulp y la fantasía. Si no lo han descubierto ustedes, están tardando. Palabra.




Eduardo Martínez.

jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Jugamos al Retorno?

El título de esta entrada es la frase que, indefectiblemente y durante una buena pila de años decíamos o bien mi amigo Manolo o yo todas las tardes que arañábamos un rato a los deberes para poder juntarnos, que vivíamos puerta con puerta y parecía que los días no estaban completos del todo si no podíamos vernos un rato.


Kenner lo petó. Punto.  © Kenner
Jugar al Retorno consistía, como no es muy difícil de adivinar, en espanzurrarnos en el suelo rodeados de nuestros muñecos del Retorno (del Jedi) y montarnos unas historias mil veces más interesantes que las que podían acontecerle a cualquier crío de barrio de clase media de mediados de los 80. Jugar al Retorno era la epítome de la diversión, una droga de otra galaxia, aquello por lo que merecía la pena arrastrarse por las horas de colegio, pues eran el trámite necesario para la aventura. Jugar al Retorno era la polla.

Ya he dicho que éramos de clase media, así que no teníamos mogollón de Soldados de Asalto para montarnos las batallas de los anuncios de la tele, pero echándole ganas los pilotos de TIE y de AT-AT daban el pego, así que entre los dos sumábamos seis soldados imperiales contra los que los héroes (yo siempre jugaba con Luke, el de el mono beige de Bespin, mi favorito) podían descargar sus sables de luz o acribillar con sus láseres. ¡Qué tiempos aquellos en los que podías recrear escenas bélicas con tus juguetes (bélicos también) sin que metiesen a tus padres en el trullo!

Los sábados, además, jugar al Retorno consistía en irse al videoclub Carusso, alquilarse alguna de las tres pelis (Manolo, ¿nos alquilamos una del Retorno?), verla como si fuese la primera vez y luego meternos en su habitación o en la mía a jugar al Retorno. Queda claro que jugar al Retorno no consistía sólo en reproducir escenas del Episodio VI, sino de toda la trilogía, y también contar historias nuevas protagonizadas por Luke, Leia, Han, Chewie y algunos personajes que nos inventamos (En nuestros juegos, Boushh y Leia era dos personas diferentes, y bien que la liaba el cazarrecompensas retaco), creando así nuestro propio Universo Expandido.

Hay que ser muy hija de puta para no condecorar a Chewie, Leia.
 © Disney/Lucasfilms

¿Pero a que viene todo este tostón nostálgico? ¿Qué cojones, diréis, os importará mi infancia de niño gafotas ochentero? Pues viene a cuenta de que para muchos, que ya habíamos tonteado sin saber lo que era con el pulp gracias a las pelis de Tarzán o los tebeos del Capitán Trueno, Star Wars (La Guerra de las Galaxias por aquel entonces) fue nuestro primer contacto con ese pulp de tapadillo, ese pulp que no es pulp a primera vista pero que comparte un sinfín de puntos en común con el género que hace las veces de muro de carga de este blog. De hecho, se considera que una de las fuentes de inspiración de Lucas para crear la space opera más famosa de todos los tiempos (lo siento, trekkies, pero eso es así) fue La Legión del Espacio de Jack Williamson, que a su vez bebía de Los Tres Mosqueteros de Dumas. La obra de Williamson (que he de reconocer que no he leído) comenzó a publicarse, de acuerdo con Wikipedia, en la revista Astounding en 1934 como un serial dividido en 6 partes que posteriormente se recopiló en formato hardcover y contó con varias secuelas. Vamos, pulp requetepulp.

Como ya he dicho, no he leído La Legión del Espacio, así que no puedo comparar, pero los ingredientes pulp de Star Wars, sobre todo y en mi opinión en Episodio IV: Una Nueva Esperanza (la que en España, durante mogollón de tiempo se conoció como La Guerra de las Galaxias a secas) son más que evidentes. Me había planteado enfocar el artículo en esa dirección, en las raíces pulp de Star Wars (hablo de la segunda trilogía, la de los años 1977, 1980 y 1983) pero creo que todos los lectores del blog tienen en la cabeza un buen puñado de esos elementos. De modo que voy a dejar de lado eso, voy a dejar por sentado y reconocido que los episodios IV, V y VI son pulp y me voy a centrar en lo que he venido haciendo desde el principio: destacar el tirón emocional que el universo creado por Lucas tiene sobre los fans (los de verdad y los que se apuntan al carro, esos seres mononeuronales que dicen con una risa simiesca que son frikis porque ven Juego de Truños y juegan a Carcassone, la podredumbre de Nurgle malogre sobre su simiente)

Y es que Star Wars, la trilogía original, apela a algo muy profundo del ser humano. La trilogía del Jedi, la de Luke, como queramos llamarla, refleja, paso por paso y sin salirse ni un ápice del camino, el concepto del viaje del héroe de Campbell, que no es otra cosa que una manera de convertir esto que llamamos "vida" en algo dotado de significado. Es una interpretación 100% estética de la experiencia vital, y puesto que yo me especialicé en Filosofía de la Ciencia (¡eh! ¡que tengo estudios superiores y todo!) podría pasarme un par de horas poniéndole pegas, pero en realidad es una teoría con la que estoy de acuerdo en casi toda su extensión. Al fin y al cabo, el ser humano es religioso. No "religioso" en el sentido más extendido de la palabra. No hablo de creer en dioses ni nada parecido, sino que me refiero al significado más nuclear de la palabra, a su etimología, a ese "re-ligare" latino (ojocuidao que un latino es un señor con toga que habla con declinaciones, no Alejandro Sanz). El ser humano es un ser intrínsecamente religioso porque tiene una necesidad imperiosa, desde que deja de cagarse encima, de re-ligarse, de re-unirse con algo que dote de sentido al mero hecho biológico y absolutamente casual de existir. Repito que no hablo de dioses, ni de instancias superiores, ni de nada parecido. Yo soy una persona profundamente atea, pero me siento tan re-ligado con mi propia existencia como el más ferviente y sincero de los cristianos. La cosa no va de adscribirse a un credo, sino de buscar ser, además de estar.
"Te se pira la pinza, Tanaka"
Star Wars va de eso, de personajes que se re-ligan, que buscan un lugar al que pertenecer (a la Alianza Rebelde, a una familia perdida, a una pareja...), que luchan por ello sin desfallecer. Y es por eso por lo que la trilogía original cala tanto en el público, porque, permitidme el cuñadismo, va "directa a la patata". Todos y cada uno de los personajes de la trilogía clásica son una llamada a una faceta del ser humano: el entusiasmo, el descreimiento, la desconfianza, la ira, la lealtad... Emociones básicas, crudas, sentimientos que se muestran tal cual, de sopetón, y eso en definitiva también es el pulp, esa búsqueda del mensaje directo, de la frase sin doble sentido. El pulp, y Star Wars por ende, son como las camisetas de la linea Basic del Sprinfield: van a lo que van y sirven para lo que sirven (cubrirse el torso en el caso de las camisetas, mostrar  y despertar emociones desnudas en el del pulp), sin adornos, sin florituras, no hay otra interpretación posible. Una rosa es una rosa.

"Dame argo"  © Disney/Lucasfilms
En el momento en el que escribo este tostón filosófico estamos a menos de 24 horas del estreno de El Despertar de la Fuerza, el que sin duda es el evento friki del año (que conste que cada vez me da más porculo utilizar esa palabra). Los que leáis mis entradas sabréis que no pierdo la oportunidad de cagarme en el corazón de Disney, pero en este caso todo lo que he visto de la nueva película me tiene con un hype que no me cabe en los pantalones. Creo que la entrada de Abrams en la saga nos va a traer de vuelta todo lo que, inexplicablemente, Lucas nos quitó en la trilogía de Anakin, y no sólo porque según lo que he visto parece que han tirado del archivo de bocetos de McQuarrie para la dirección de arte, sino porque todo apunta a que nos va a devolver la emoción con mayúsculas.

La semana que viene, que ya habré visto la peli, haré mi entrada al respecto. Que os hable de ella como un ewok con capucha nueva o suelte vinagre por la boca es algo que ya sólo depende de Los Lejanos*.

*La versión castellana de Una Nueva Esperanza traduce the remote (el pequeño droide de entrenamiento) por Los Lejanos, en el que posiblemente sea el mejor error de traducción de la Historia, ya que dota a la escena de un misticismo que no tiene la versión original. Amén.

"Los Lejanos"  © Disney/Lucasfilms

Jae Tanaka



martes, 15 de diciembre de 2015

La lista de regalos de O.C.C.U.L.T. (II)


Si hace una semana mi compañero Jae Tanaka comenzaba nuestra peculiar selección de recomendaciones, para que vuestra carta a los Reyes Magos sea de lo más molona, hoy es un servidor de ustedes el que aporta su granito de arena para que se reactive la economía en general, y la de los que nos dedicamos a cuidar a los frikis en particular. Dicho lo cual, vamos al tema.

Como Jae me dejó la parte literaria de la cuestión, y puesto que tres son los Reyes Magos, les voy a dar tres propuestas de regalo que, a buen seguro, harán las delicias de cualquier amante de la cultura Pulp y la literatura Pop. O al revés.

Un servidor de ustedes, además de muchas otras cosas, es jugador de rol desde hace ya 30 años, que se dice pronto. Y si a éstas alturas de la película sigo jugando, probablemente moriré con las botas puestas, como el gran Gary Gygax. Y es que los juegos de rol son, además de ser un entretenimiento de primer orden y una maravillosa máquina para ejercitar la imaginación, una de los mejores herramientas para introducir al lego en el arte de contar historias. Y poco importa si el novato tiene ocho años u ochenta. Los juegos de rol, no sólo entretienen, además enseñan a contar historias, a construirlas dándole un sentido. Un buen juego de rol, acompañado de lectura (que son cosas que van de la mano) es mucho más barato y más efectivo que cualquier taller de narrativa. Así que aquí van mis tres recomendaciones roleras.

Aventuras en la Marca del Este: El primer juego de rol que se publicó en España, allá por 1985, fue la versión en castellano de la edición del Basic Rules Set de Dungeons & Dragons de 1983. La ya legendaria Caja Roja, así, con mayúsculas (me descojono yo de los putos bombones). El caso es que hace unos pocos años, por eso de que ya somos muchos los roleros que peinamos canas o estamos calvos, como que la comunidad rolera internacional sufrió un particular ataque de nostalgia, y a la peña le dio por publicar retroclones de los primeras versiones del D&D. En España los chicos de La Marca del Este, probablemente el blog más representativo de la comunidad rolera española, en el año 2010, se lanzaron a la edición de su propio retroclón de la legendaria Caja Roja de D&D, Aventuras en la Marca del Este. Y al hacerlo parieron el que es, con casi total seguridad, el mejor y más completo retroclón de aquella edición de Dungeons & Dragons de principios de los 80. Un maravilloso juego de rol, editado por Holocubierta, clásico en el mejor sentido de la palabra, con el que poder comenzar en esta afición.


Aquelarre: Si antes hablábamos del que fue el primer juego de rol publicado en España, el primer juego de rol español que fue publicado de forma profesional, por la ya desaparecida Jocs, tenía que figurar en ésta lista. Pero no sólo por eso de ser el decano de los juegos de rol españoles y seguir muy vivo 25 años después merece estar entre nuestras recomendaciones. Aquelarre, la obra maestra de Ricard Ibáñez, en la última edición de Nosolorol, es una verdadera joya visual. Un libro con una edición tan cuidada, tan exquisita, que hará las delicias de cualquier amante de los libros. A eso hay que añadir que es el primer juego de rol que apostó por algo que llevo diciendo desde que comenzó este blog, y en los anteriores en los que ha parido mil chorradas, los narradores tenemos que comenzar a mirar hacia casa, hacia nuestro pasado y nuestra cultura, para aprovechar ese asombroso acervo cultural para construir mundos imaginarios. En Aquelarre los jugadores retornan a la península Ibérica de la Edad Media, en medio de la lucha entre Dios y el diablo por hacerse con las almas de los hombres, para descubrir que las criaturas de nuestro folclore son reales. 


La llamada de Cthulhu: Puesto que el pulp es el rey de este blog, no podía faltar entre las recomendaciones roleras este clásico de los lanzadores de dados. Un juego ambientado en los años 20 y en el universo narrativo de terror nacido de la genial pluma de H.P. Lovecraft. Un libro publicado por Edge que, además de una joya visual (hay que ver lo bien que se edita rol en España en los últimos años), es una enciclopedia magnífica sobre los mitos de Cthulhu. Un juego con tres décadas de vida en la mochila, que resulta tan fácil de aprender a jugar como apasionante. Si os gusta el Pulp en general y Lovecraft en particular, tiene que estar en vuestra biblioteca si o si.



Y tras el ratito de jugar a tirar dados y vivir otras vidas por unas horas, llega el momento de meterse en harina literaria. Así que vamos a por las tres recomendaciones de negro sobre blanco.



La Reina de la Costa Negra y otros relatos de Conan: Seamos sinceros, la inmensa mayoría de los lectores de Pulp que conocen a Conan (¿Quién no?), tan sólo lo han hecho a través de sus adaptaciones al cómic, de las cuales hablaremos más adelante en esta bitácora, o en la gran pantalla. Pocos, muy pocos, hemos leído directamente los relatos del texano Robert E. Howard. Por eso mismo os digo, hijos míos, lechoncetes, lo que os estáis perdiendo. La literatura de Robert E. Howard es bestial, directa, tan efectiva y salvaje como la espada de su cimerio. Así que para poner remedio a esa carencia lamentable, nada mejor que la edición que ha hecho Catedra, en su colección de Letras Populares, de cinco de los relatos más significativos de Conan. Una edición que por su aparato crítico, su traducción directa de los originales de Howard, y su precio, no os podéis perder.

Los nombres muertos: Escrita por Jesús Cañadas, uno de los nuevos valores al alza, y publicada por Random House en su sello Fantascy (otros que están trabajando francamente bien), esta novela, magníficamente bien escrita, es todo un homenaje a la literatura Pulp. A lo largo de sus casi seiscientas páginas acompañaremos a H.P. Lovecraft, Frank Belknap Long y Robert E. Howard, en una siniestra aventura en la que el Necronomicón se nos muestra como una libro muy real. Una novela cargada de guiños y referencias que cualquier amante de la literatura popular disfrutará con sumo placer. 




Tesla y la conspiración de la luz: Pocos personajes históricos reales son más Pulp que Nikola Tesla. Un personaje único, fascinante y misterioso. En la labor de recuperación de su figura el periodista y divulgador científico Miguel Ángel Delgado, uno de los mayores expertos españoles en la materia, nos ha regalado esta deliciosa ucronía, en la que Tesla y sus geniales inventos se convierten en los protagonistas absolutas de un mundo que un fue, pero pudo haber sido. Una obra que con un aspecto que podríamos y deberíamos llamar Teslapunk (toma ya el palabro que me acabo de inventar colega), lo mola todo.






Llegados a este punto se preguntarán ustedes, ¿ya ha terminado el mamarracho éste de recomendar libros? Pues no amigos míos. Todavía falta el mejor de todos. Ya tenéis las recomendaciones para Melchor y para Gaspar. Ahora falta lo que le vais a pedir a Baltasar, que es el puto amo de los Reyes magos, el que más mola de todos (y reto a duelo a muerte al que defienda lo contrario, que para esto soy muy mío). Una obra que os estáis perdiendo por insensatos. Un libro cien por cien pulp, con vampiros nazis, heroínas bellas y misteriosas, poderosos hechiceros…y hasta un hombre-gorila. Coño, que más se puede pedir. Pero no hablaremos nosotros de OCCULT vs. el Reich Secreto, dejaremos que otros lo hagan en nuestro lugar. De OCCULT vs. el Reich Secreto. La amenaza de los Blütkorps han dicho:



<< Y es que, por mucho que les pese a determinados “críticos” literarios, hay pocos placeres tan sencillos y satisfactorios como el que proporciona la lectura de una buena novela escrita sin más pretensiones que hacernos pasar un buen rato. Una novela que cuente con una trama absorbente, personajes carismáticos, villanos atractivos y, además, esté muy bien escrita. Una obra como“O.C.C.U.L.T vs el Reich Secreto. La amenaza de los Blutkörps”.>>

José Rafael Martínez Pina. El Mar de Tinta.

<<El comienzo de la saga OCCULT vs nos trae una novela rápida, dinámica y divertida, llena de aventuras sin complicaciones, donde la mayoría de los buenos son buenos (la mayoría, que no todos...), los malos son malos, y apenas hay espacio para las medias tintas.

¡Una lectura muy entretenida!>>

Tomás Sendarrubias. El Iconocronos.

<<En esta primera novela, Edward T. Knack desborda pulp en cada página. Toda la obra está centrada en un mundo oscuro, en el que los nazis se han pasado de la raya y están jugando con oscuros poderes que pondrán en peligro a toda la Humanidad. Una novela para quienes le gusten el pulp, la fantasía oscura o incluso el dieselpunk… >>

Josué Ramos. Mundo Steampunk.

Activando el modo gitana en la puerta del Pryca os decimos eso de “es triste de pedir, pero más triste es de robar”, y os recomendamos encarecidamente que os gastéis las perras en este pedazo de novela. Coño, que además de buena y bonita es barata. Lo que os estáis perdiendo, leches.



En fin, pongan ustedes en sus cartas a los Reyes Magos alguna de nuestras sugerencias, o no las pongan, desde The OCCULT Herald os deseamos una Navidad cargada de regalos frikis.





Eduardo Martínez.

jueves, 10 de diciembre de 2015

La lista de regalos de O.C.C.U.L.T. (I)

Ya estamos en Navidad, esa época del año tan chula en la que algunos infieles se dedican a adorar a dioses que no son los Primigenios mientras que a otros les da por el postureo de decir que es una mierda y un invento capitalista o no se qué tontunas. Pero vamos a ver, la Navidad mola: las calles está bonitas, hay como mejor rollo de verdad y sobre todo, hay regalos a mansalva. Y más en España, que tenemos Papá Noel y Reyes Magos. Chúpate esa, Grinch.

Así que, durante un par de entregas, os vamos a hacer algunas recomendaciones de regalos relacionados con toda esta mandanga del pulp, la fantasía y el exploitation.

Eduardo se centrará en regalos más literarios, que es el payaso de la cara blanca de este dúo que perpetramos el blog, así que yo voy a tirar hacia videojuegos y cómics, y una recomendación musical que desde mi punto de vista es imprescindible.

Vamos con el ocio digital:


-Grim Fandango: Antes de que el Disneylactus, el Devorador de Mundos, metiese su enorme polla si alma en Lucas Arts (para echar el cierre) la división de videojuegos del imperio de George Lucas pasaba el rato firmando obras maestras que se han convertido en referentes de culto de la aventura gráfica. Varias de ellas, por no decir que todas, tocan aunque sea de refilón los temas que tratamos en este blog. Este año ha llegado de la mano de Double Fine (otro de los grandes nombres en el mundo de los videojuegos) la remasterización para un buen puñado de plataformas de Grim Fandango, una locura noir en la que metidos en el pellejo de Manny Calavera debemos desenmarañar una trama criminal ambientada en un mundo que combina la imaginería de El Día de los Muertos mexicano con una estética detectivesca y de bajos fondos digna de un Raymond Chandler hasta las patas de José Cuervo. La única pega que se le puede poner es que, de momento, sólo lo tenemos en formato digital, pero a ningún aficionado a los videojuegos le va a molestar recibir una nota con un "Vale por un Grim Fandango" escrita con recortes de periódico.

-White Night: Este indie (como el anterior, sólo en formato digital, por cierto) comparte el feeling detectivesco del anterior, pero la gente de Osome Studio abandona la aventura gráfica y en este caso desarrolla un survival horror de marcado carácter clásico, cercano a los maravillosos (y poligonales) primeros Alone in the Dark. Con una estética que bebe directamente del Sin City de Frank Miller, pilar del pulp moderno, White Night nos invita a recorrer una mansión en la que nuestra única arma será la luz (en muchos momentos de una agonizante cerilla) para combatir unas sombras que buscan crear una atmósfera terrorífica ocultando más de lo que muestran. No hay combates ni secuencias de acción, sólo puzzles, soledad, y un misterio que resolver.

-Batman presenta: Gotham a medianoche: Batman es uno de esos personajes de cómic a los que el tiempo le sienta de maravilla, como a un buen vino (o como a mi, que de "friki fanegas" he digievolucionado en "madurito atractivo") pero el Caballero Oscuro se mueve en un universo rico y atractivo que ha demostrado en numerosas ocasiones que se sabe manejarse muy bien sin la presencia del Mejor Detective del Mundo. Es el caso de Gotham a Medianoche, cuyos 5 primeros números nos trae (la bendita) ECC en un tomo de 120 paginacas en el que seguiremos al detective del Distrito 13 Jim Corrigan (actual anfitrión de El Espectro) y a su unidad en la investigación de casos paranormales. El guión corre a cargo de Ray Fawkes, que ha escrito para Constantine y el arte es de Ben Templesmith, que se mueve como pez en el agua recreando espacios oscuros y desconcertantes.

-Honey Moon: Lana del Rey es de esas artistas que de primeras te puede parecer otro producto MTV más, pero que tiene mucho más que decir que lo que se puede ver en un single de esos con los que las emisoras de radio fórmula te machacan hasta deseas que te reviente la puta cabeza. En Honey Moon, que es el cuarto álbum que la cantante edita bajo el seudónimo de Lana del Rey (recomiendo muchisimo su Sirens, que firmó como May Jailer), la estadounidense abunda en sonidos pesados y atmosféricos para crear un entorno jazzistico en el que construir catorce temas que conforman su retorno a ese universo explotation de amores jodidos, drogas y vidas desperdiciadas que refleja toda su obra. Con su pinta de diva decadente (no obstante toma su nombre de la muy jodida Lana Turner), la voz de haberse bebido hasta el agua de los floreros y esos videos que parecen retales de películas sesenteras de bajo presupuesto, Lana del Rey pone la banda sonora a un mundo exploitation en el que merece la pena sumergirse un buen rato.

Jae Tanaka

martes, 8 de diciembre de 2015

Grandes personajes del Pulp: Geralt de Rivia


Hace un par de días, en el grupo de Facebook Proyecto Pulp (que con casi mil miembros y una comunidad muy activa, es ya uno de los lugares de referencia para los amantes del Pulp de habla hispana), a raíz de una pregunta sobre si Sin City de Frank Miller debe considerarse Pulp o no, se volvía a abrir el debate de lo que debemos entender como Pulp. En ésta bitácora hemos defendido desde el primer día que el Pulp va mucho más allá de la definición técnica que circunscribe dicho fenómeno a las publicaciones en papel de baja calidad del primer tercio del siglo XX. Partiendo de las bases de que las opiniones son como los culos, que todo el mundo tiene uno y pensamos alegremente que sólo el de los demás apesta, en The OCCULT Herald creemos que hemos dado unos cuantos ejemplos ya, y lo que te rondaré morena, de que el Pulp nace mucho antes de que se le atribuya dicho nombre, y que sigue muy vivo, puesto que en verdad se trata de un fenómeno cultural que hace referencia a una forma determinada de concebir historias y de narrarlas. No obstante debo confesar que me lo he pensado unas cuantas veces antes de redactar ésta primera entrada monográfica dedicada a un personaje icónico del género. Tenía muchas opciones, todas ellas dentro del canon más clásico, pero finalmente he decidido arriesgar. Ya me dirán ustedes, amigos y lectores, si ha sido un acierto o si, por el contrario, he metido la pata hasta el pescuezo.

Geralt de Rivia, el Brujo. El Carnicero de Blaviken...vamos, el puto amo. 


Si al autor de éstas líneas le hubieran preguntado, allá por el año 2002, acerca de El Brujo; con casi total seguridad hubiera respondido que se trataba de Rafael Álvarez, probablemente uno de los mejores actores que han pisado las tablas en España en los últimos cincuenta años. Sin embargo algo ocurrió en ese año 2002 para que mi respuesta a la pregunta sobre la identidad de El Brujo cambiara para siempre. Porque para un amante de la fantasía tan sólo hay un personaje digno de tal título; un personaje cuyo nombre es Geralt de Rivia.

Andrzej Sapkowski, el padre de la criatura.
Allá por el año 2002 un editor de nombre Luis G. Prado, uno de los referentes en España de todo aquello que significa literatura de género fantástico y ciencia ficción, tomaba una decisión empresarial que, amén de ser el mayor acierto de su carrera (mi afirmación dista mucho de ser gratuita, puesto que los más de 150.000 ejemplares vendidos de sus libros lo dicen todo), los lectores de fantasía no podremos agradecerle nunca lo suficiente. Un acierto que, visto en perspectiva, parece una cosa de locos. A falta de conocer la verdadera historia de cuáles fueron las razones que impulsaron a Luis G. Prado a editar los libros de Sapkowski en España, pónganse ustedes en su piel. Aceptando que Andrzej Sapkowski y sus libros de Geralt de Rivia eran todo un fenómeno en su país, que ya habían tenido su versión cinematográfica y televisiva, que se trataba de una saga ya completa, por lo que el autor no podía hacer un Robert Jordan, que seguro que las referencias eran fantásticas… joder, que estábamos hablando de fantasía escrita en Polonia. Y si por aquel entonces había que estar como una regadera para publicar literatura fantástica, no te cuento como había que estar para publicar libros de un señor al que tan sólo de conocía en el centro de Europa. El jodido más allá, un universo desconocido para el lector español (No nos rasguemos las vestiduras, la inmensa mayoría de los españolitos tenemos serios problemas para ubicar Polonia en un mapa de Europa en blanco, así que no te cuento si encima tenemos que pensar en aportar más datos). El caso es que Luis G. Prado tomó una decisión de las que diferencian a un buen editor del malo -decisiones como las de Alejo Cuervo con los libros de un tal George RR Martin-, y se lanzó a la aventura de publicar los libros de Geralt de Rivia en sus sellos Bibliópolis y Alamut. Decisión valiente, casi suicida diría yo, a la que además acompañó del acierto colosal de contar como traductor al escritor e historiado José M. Faraldo (un hombre gracias a cuya magnífica labor el maravilloso estilo de Sapkowski nos llegue tal y como fue concebido). Una decisión que, como decía antes, nunca le agradeceremos lo suficiente.

Geralt y Cirilla de Cintra.

Y es que Geralt de Rivia es, en el juicio de un servidor de ustedes, uno de los tres mejores personajes de género fantástico que un narrador haya parido en los últimos cincuenta años. Un personaje literario que reúne todos los requisitos para hacer lo que ya está haciendo, trascender a su propio autor. Algo parecido a lo que sucede con Sherlock Holmes, Allan Quatermain, John Carter o Conan de Cimeria. Y si no incluyo en esta lista a Elric de Melnibone, con el que Geralt de Rivia guarda ciertas semejanzas estéticas, es porque, por un lado, en impacto global el Brujo ya le ha adelantado por la derecha al emperador albino de Melnibone, y por otra parte, porque Sapkowski escribe infinitamente mejor que Moorcock. 

Yennefer de Vengerberg
El caso es que, para protagonizar nuestro primer monográfico dedicado a un gran personaje de la literatura popular, nadie mejor que Geralt de Rivia para ejemplarizar eso que llevamos diciendo desde la primera entrada del blog: aunque no es pulp todo lo que reluce, pero casi.

Geralt de Rivia, el brujo albino que con sus dos espadas al hombro, una de acero para criaturas mortales, y otra de plata para aquellas nacidas de la magia, va dando caza a los monstruos que amenazan a los hombres. Un personaje vagabundo, caracterizado por el cinismo, y un sentido del humor irónico, que una y otra vez nos muestra que los auténticos monstruos no se esconden tras una terrorífica fachada. Los monstruos somos siempre nosotros. Un personaje tan profundo, tan bien construido, que se nos antoja real, y que al igual que los grandes personajes del Pulp, no nace para una saga de novelas, sino en el marco de cuentos más o menos largos, en publicaciones periódicas. Pero recapitulemos, y así me podrán ustedes entender mejor.

Portada de la primera edición en castellano
de "El último deseo". Bibliópolis Fantasía.
Tomando la información colgada en Wikipedia, la primera aparición de Geralt de Rivia se produce en un cuento titulado El Brujo (Wiedźmin), publicado en la revista Fantastyka en 1986. Este cuento se convierte en un auténtico éxito de público y crítica, y se convierte en el pistoletazo de salida para un total de ocho libros. Los dos primeros, El último deseo (2002) y La espada del destino (2003), que fueron publicados en España a la inversa que en su primera edición polaca, haciendo así que los lectores españoles disfrutáramos de las historias en el orden cronológico interno de la serie; son dos antologías de cuentos en los que Geralt de Rivia y el resto de personajes principales de su saga son presentados por primera vez. A estas dos antologías les seguirán cinco novelas más, La sangre de los elfos (2003), Tiempo de odio (2004), Bautismo de fuego (2005), La Torre de la Golondrina (2006) y La Dama del Lago (2009/2010) que son las que constituyen propiamente el núcleo de la saga de Geralt. A estas cinco novelas, que constituyen el eje central de lo que podemos llamar la saga del Brujo, hay que añadir el último libro publicado, tanto en Polonia como en España, Estación de Tormentas (2015), que no es otra cosa que una precuela.

Portada de Alejandro Colucci para la
edición de Alamut.
Si tan sólo nos atuviéramos a las novelas de la saga, probablemente Geralt de Rivia no podría incluirse en los parámetros de la narrativa Pulp. Incluso si tenemos en cuenta a la asombrosa galería de personajes tan brillantes como Cirilla de Cintra, Yennefer de Vengerberg, Triss Merigold (otro de los puntos a favor de Sapkowski, la construcción de personajes femeninos) o Jaskier; tengo mis serias dudas acerca de que el personaje hubiera llegado a tener el impacto que tiene. Y es que donde más brilla Geralt de Rivia y, por extensión Sapkowski, es en los libros de relatos. Es en esa distancia corta del relato, tal y como ocurre con los personajes icónicos del Pulp clásico, donde Geralt de Rivia adquiere su auténtico significado, su grandeza literaria. En esos relatos más o menos breves en los que Sapkowski mezcló de forma única los elementos clásicos de la fantasía heroica occidental con las tradiciones y formas narrativas centroeuropeas. Relatos en los que da la vuelta a los cuentos clásicos europeos, cuentos como Blancanieves o La Bella y la Bestia, para crear un universo narrativo único, sencillamente sublime. Narraciones cargadas de acción y fantasía, si, pero también de cinismo e ironía. Es tal la complejidad de Geralt de Rivia, tal su atractivo como personaje, que a cualquier otro escritor de fantasía le es inevitable desear darle vida propia. 

Y claro, eso es lo que está comenzando a ocurrirle. Porque Geralt de Rivia, el carnicero de Blaviken, ha saltado ya de forma definitiva de las páginas de los libros hacia otros soportes narrativos. Y, poco a poco, comienza a burlar el control de su creador, con la misma habilidad que muestra para evitar las armas enemigas o a los monstruos a los que da caza. A día de hoy podemos leer historias de Geralt en Cómics, historias que nacen de lo narrado en los videojuegos protagonizados por Geralt (la última entrega de la saga de videojuegos, The Witcher 3, una jodida obra maestra digital, con una banda sonora y un guión que más quisieran muchísimas grandes producciones cinematográficas, que me tiene enganchado cual vulgar yonki, acaba de ser galardonado como mejor juego del año 2015, y con razón), a modo del spin-off de un spin-off. A lo que hay que añadir que para 2017 tendremos una nueva película, una superproducción de Hollywood en esta ocasión, protagonizada por el Brujo. 


Si nada lo remedia, y cuando nada me refiero a una guerra nuclear, una invasión alienígena o el apocalipsis zombi, Geralt de Rivia ha venido para quedarse. Así que los que estamos sencillamente fascinados por el personaje y sus historias estamos de enhorabuena. Y los que todavía no han descubierto a Sapkowski y su universo narrativo, tienen la excusa perfecta para añadir sus libros a la carta de los Reyes Magos. No se arrepentirán. 

¡Larga vida al Brujo!





Eduardo Martínez.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Pulp antes del Pulp

Hoy, en The OCCULT Herald, estamos de enhorabuena. Por primera vez, y esperamos que no sea la última, el responsable de la entrada de los jueves, Jae Tanaka, y un servidor de ustedes, cedemos los bártulos de escritura a una nueva colaboradora. Hoy será Scout (vayan acostumbrándose al nombre de la artista) la que le de una nueva vuelta de tuerca a ésta afición nuestra. Dicho lo cual tan sólo nos resta decir eso de: Querida Scout, te damos la bienvenida a este espacio virtual que ahora también es un poco tuyo. Y a ustedes, queridos lectores y amigos, a leer y disfrutar de la entrada.


Pulp antes del Pulp

Como bien se indicó en la primer entrada de este blog, se considera que el género Pulp nació a principios del siglo XX como literatura de consumo rápido y relatos breves de ficción, que se vendían en formato de revistas para la distracción, lo que siempre se ha llamado pan y circo y que actualmente nos venden como fútbol, de las clases más bajas. Pues bien, en el año del Señor de 1605 se publicó en España la primera novela pulp de la historia de la literatura española; una novela que nació con la intención de componerse de unos pocos capítulos para entretener a la gente que sabía leer - que era poca, como ahora - y en la que se narraban aventuras que desmitificaban a las novelas de caballería que ya andaban de capa caída (espero que entiendan el juego de palabras).


Si no saben de qué Novela estoy hablando, prefiero que no continúen pasando sus ojos por estas líneas, porque cualquiera que sepa un poco de literatura española ya debería haber adivinado a que Novelón me refiero. 


Por el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1605, a Miguel de Cervantes Saavedra se le antojó reírse de las novelas de caballería con la mejor novela de dicho género jamás escrita. Él la concibió como se concebían en aquel momento todas las novelas de uso popular; para uso culto ya teníamos a Petrarca, Ariosto, Dante e incluso a Ovidio, Virgilio y Homero; pero él, como hombre inteligente que era, sabía que su público era el de la calle que sabía leer, esos que tenían poco tiempo y poco dinero pero que se gastarían algún maravedí, o real, o escudo, o moneda de cambio que existiera por aquellos tiempos (Euros incluidos), en comprarse y divertirse con una historia de aventuras de un caballero español venido a menos -la envidia ese pecado capital tan nuestro- que, aburrido de su monótona vida, decide salir a la aventura y armarse caballero tal y como ha leído en los miles de libros inútiles que jalonan su biblioteca y que ha devorado hasta vivir en una fantasía. 

Los primeros cinco capítulos de esta Novela eran el proyecto original de nuestro adorado manco de Lepanto, cinco capítulos en los que narrar la única salida de un viejo loco que se cree caballero y se lanza a la aventura; esos capítulos se iban a publicar de manera independiente y como novela corta para gozo de una minoría lectora que disfrutaría riéndose de la única y cómica aventura de su protagonista. 

Las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha son una obra maestra de la literatura universal y nadie puede dudar de ello; a quien lo haga le reto a un duelo al amanecer: es una novela de ficción popular para evasión de las clases bajas, aunque no está impresa en pulpa de papel – el siglo de oro dio para mucho pero tampoco pidamos tanto –, esos primeros capítulos en los que a Don Alonso va y le da la ventolera, y sale de casa con Rocinante y se arma caballero y corre en busca de su primera aventura, en la que recibe una paliza y le devuelven a su casa, tuvieron tanto éxito que un generoso editor -como los actuales-, D. Francisco de Robles invirtió entre siete y ocho mil reales en la edición de este libro, cosa que supongo que no era moco de pavo para la época, para que Don Miguel continuase su obra, y a él y a la corona se le llenase un poco más el bolsillo.

¿Por qué entonces no podemos decir que este Novelón es pulp? Porque es “Alta literatura” ese manido concepto que después de casi 37 años de lectora sigo sin entender; porque es “literatura de calidad”, pero Don Miguel era tan buen escritor que empezó a escribirla... ¡¡¡y la acabó!!!, para burlarse de las novelas de caballerías que en ese momento cubrían todos los estantes de los salones de la alta nobleza para deleite de las damiselas; porque es un clásico...y Sherlock Holmes también y sigue considerándose Pulp.

En fin, que espero haber creado un poco de polémica, pensad un poco y decidme si la obra más importante de la literatura española de todos los tiempos no es pulp.

Scout.

martes, 1 de diciembre de 2015

La locura de Dios, de Juan Miguel Aguilera.

Portada original de la 1ª edición
de La locura de Dios.
Vale, ahora que llevamos por aquí cosa de dos meses y ya nos vamos conociendo, debemos reconocer que, si tenemos en cuenta el tono habitual del blog, la semana pasada nos pusimos un poquito vinagre. Muy intensitos, vaya. Cosas de la edad, que no perdona. Sin quitar ni una coma de lo que dijimos entonces, hoy volvemos a nuestra línea más amable, que es la que de verdad nos mola. Y que mejor manera de hacerlo que haciendo una nueva reseña de un libro de esos que todo amante de la literatura de género, de esta maravillosa locura que es el Pulp, debería leer con pasión. Damas y caballeros, niños y niñas, hoy les traemos a The OCCULT Herald la novela La locura de Dios, de Juan Miguel Aguilera.

A estas alturas de película cualquier aficionado a la ciencia ficción en España debería saber quién es Juan Miguel Aguilera. Este valenciano nacido en 1960 es, con total seguridad, uno de los cinco escritores más relevantes de la ciencia-ficción y la fantasía española moderna. Un tipo que, además de escribir como Dios, sigue al pie del cañón (su última novela, Sindbad en el país del sueño, se publicó hace apenas un año por el sello Fantascy).

Juan Miguel Aguilera.
El caso es que de entre toda su prolífica y premiada producción literaria hay un título que, desde nuestro criterio, es una obra que merece el honor de ser calificada como literatura Pulp. Y de la mejor. Lo mismo ésta crítica acaba llegando al señor Aguilera y al leer esto se molesta. En ese remoto e improbable caso que sepa que para el autor de éstas líneas, esa calificación es un auténtico honor. Y es que la literatura Pulp puede afrontarse, en líneas generales, con dos tonos distintos. Por un lado el tono ligero y desenfadado de la divertidísima La maldición de la Diosa Araña, de Miguel Ángel Naharro (léanse ustedes la reseña y después la novela, insensatos), o por otro lado, de una forma más seria, como en el caso de la novela que vamos a reseñar. Volviendo a la novela que nos ocupa, ¿que otra cosa no puede ser, si no Pulp, una novela que, partiendo de un hecho histórico, y tomando como protagonista absoluto a una figura real de nuestro pasado, combina la narrativa histórica, referencias a obras clásicas de la literatura universal, escenarios de características Steampunk, salidos de la mejor novela de Julio Verne, rematado todo ello con escenas de acción propias de la mejor literatura fantástica?. Y todo ello mezclado de forma auténticamente magistral, haciendo que esas referencias tan diversas empasten como las voces del mejor coro. Joder, es que La locura de Dios es puro Pulp. Y Pulp del bueno, del muy bueno. Pero vamos al lío.

Publicada originalmente en 1998 por el sello Nova de Ediciones B (si el gran Miquel Barceló decidió publicarla, por algo será), y ganadora de los premios Ignotus en España, del Imaginales en Francia, y del Bob Morane en Bélgica; en La locura de Dios Juan Miguel Aguilera nos presenta a Ramón Llull, el “Doctor Iluminado”, una de las mentes más brillantes y avanzadas de la Edad Media. Un personaje de curiosidad insaciable que, por sí sólo, es el mejor protagonista de cualquier novela que se pueda imaginar: escritor, misionero, cabalista, teólogo, alquimista, etc. Un hombre con una vida fascinante al que Aguilera lleva hasta Constantinopla, y lo sitúa en medio de uno de los episodios más fascinantes de la Edad Media de los Reinos Hispánicos, la prodigiosa aventura de los almogávares

Roger de Flor, caudillo de los almogávares,
en una de las ilustraciones interiores de la novela.
Obra de Rafael Fonteriz.
Sin entrar en grandes spoilers, y haciendo un resumen somero de la novela, diré que Roger de Flor, el caudillo de los almogávares, hace llamar a Ramón Llull a Constantinopla para encargarlo una misión que se antoja imposible, descubrir la ciudad del Preste Juan, y con ello el origen de la misteriosa tecnociencia que podrá salvar al Imperio Bizantino para siempre de la amenaza de los turcos.

A lo largo de las algo menos de 400 páginas de la novela acompañamos al Doctor Iluminado en su viaje por las tierras de Asia en busca de tan legendaria ciudad. La primera parte de la novela, la del viaje propiamente dicho, en lo literario roza por momentos una calidad de la que pocas, muy pocas novelas de género histórico pueden alardear. Tan sólo en Meridiano de sangre, obra maestra de Cormac McCarthy, hay pasajes similares al describir los escenarios naturales de la frontera entre Estados Unidos y México (si por un casual os gusta el western, y no habéis leído Meridiano de Sangre, tenéis prohibida la entrada este blog hasta que hayáis subsanado esa carencia). En sus descripciones de las inmensas vastedades del Asia Central todas y cada una de las palabras nos hacen sentir uno más de los viajeros que contemplan aquellos paisajes que parecen no tener fin. Y lo más asombroso es que esas líneas se devoran a un ritmo endiablado. Y si en esta pieza de narrativa histórica Aguilera destaca con nombre propio, su experiencia en la literatura de género queda patente cuando, con un giro maestro, introduce en la historia el elemento de fantasía y de ciencia-ficción que dominará el resto de la novela. De la mano de Ramón Llull descubriremos entonces que se esconde tras la leyenda de la ciudad del Preste Juan, y asistiremos a una batalla entre el bien y el mal, o no tanto, que arranca en el origen de los tiempos. Una batalla en la que se tambaleará todo lo que tanto Ramón Llull como los propios lectores creemos saber sobre la vida y el cosmos. En este apasionante segundo acto veremos dirigibles que parecen salidos de Robur el conquistador de los aires, de Julio Verne, cruzar los cielos de Asia, y seremos partícipes de escenas de acción sencillamente redondas, propias de la mejor de las novelas de fantasía épica.


¿Edad Media y dirigibles? Que diablos, claro que si... ¡dirigibles!
En resumen, una novela que sin llegar a las 400 páginas demuestran que un buen narrador, un narrador honesto, y La locura de Dios es, ante todo, una novela de aventuras honesta, no tiene la necesidad de seguir el criterio imperante en la actualidad, pura “moda”, consistente en novelas de miles y miles de páginas, y sagas interminables. Apenas 400 páginas que en manos de un buen escritor, que coño, un magnífico escritor, dan de sí para narrar de forma magistral una historia de aventuras cargada de mil y una referencias. Una novela bien documentada y mejor trabajada. Una muestra de lo que defendía en este mismo espacio hace una semana. El Pulp puede y debe de tomarse en serio. Podemos esforzarnos por hacer que nuestras novelas sean dignas de recibir el honor de ser consideradas Pulp en toda regla. Y es que aquí no traeremos nada que consideremos malo (nosotros mismo somos de un mediocre que acojona, seguro, pero como es normal tenemos nuestro corazoncito y cuando la cagamos no nos gusta que nos lo recuerden). En ésta bitácora os iremos presentando todo aquello que creemos que hace grande nuestra pasión, que es el Pulp. Y La locura de Dios es, sin lugar a dudas, una brillante muestra de lo que se puede hacer con mimbres que todos los aficionados al Pulp tenemos a mano, y con mucho, mucho amor por la literatura. Lectura imprescindible.

Eduardo Martínez.

jueves, 26 de noviembre de 2015

La mediocridad en el proceso creativo

Estos últimos días nos hemos llevado el sorpresón de que se está trabajando en un juego de rol basado en el universo de Máscaras de Matar, una novela de León Arsenal que si no habéis leído es el siguiente paso que tenéis que dar después de terminar de leer mi entrada (¡o antes!). Para mí, obra clave, y cumbre, de la fantasía española y cuyo lore da para mucho más de las escasas 300 páginas que tiene.

El jarro de agua fría me cayó encima cuando vi las primeras muestras de arte asociadas al proyecto. Solo tengo una palabra para describir el resultado: genérico. Me parecen perfectamente indistinguible de cualquier ilustración de D&D, Pathfinder, King of War o la mayoría de universos de fantasía actuales, exceptuando, por razones evidentes, a los retroclones. Una obra de la importancia de Máscaras de Matar no se merece "más de lo mismo".

No quiero que se piense que esta entrada es un ataque personal al ilustrador (de hecho, no he querido ni informarme de quién es, porque hasta es posible que le conozca) sino contra este modus operandi basado en el concepto de "riesgo cero" que condiciona tantísimos trabajos creativos que acaban revolcándose en la medianía cuando tienen chicha suficiente para destacar con un arte que se salga del corral. Por eso mismo no voy a acompañar esta entrada con ninguna imagen; no quiero hacer comparaciones, no quiero hacer hincapié en nada en particular, sino que partiendo del caso de Máscaras de Matar, quiero ir a cuchillo a por esa enfermedad congénita que padecen la gran mayoría de los procesos creativos y se los carga desde dentro.

Hablo con conocimiento de causa: llevo más de 18 años trabajando en cosas relacionadas con eso del arte (animación, ilustración, publicidad, etc...) y en muchas más ocasiones de las que tengo cojones de reconocer los artistas nos limitamos a trabajar en base a referencias de algo cuyo éxito está demostrado. Lo que se viene llamando, de toda la vida, copiar.

Vamos a un ejemplo práctico; el spot de la Lotería Nacional de estas Navidades: tenemos la misma historia del año pasado pero con otro personaje. Espera... ¿otro? Bueno, es al viejo de Up, pero un poco más joven, y con bigote y con las gafas redondas, que a ver quién es el guapo que asume una demanda por plagio de parte de la Disney. Estoy totalmente convencido de que el equipo responsable del spot es capaz de hacer algo mil veces mejor, mil veces más original, y exactamente igual de efectivo, y además, así se habrían ahorrado los muchos comentarios negativos que se está llevando. Pero a nivel de desarrollo artístico han sido conservadores, han ido a por "lo que ha funcionado antes" y el resultado no ha sido un mal trabajo en absoluto, si no simplemente algo con aires de déjà vu. Es como si a la hora de haber enfocado el producto hubiese cundido un pánico atroz a la más mínima innovación. Y si bien es verdad que las tendencias existen, sólo el que se las salta es el que hace avanzar una disciplina.

Ahora vamos a un ejemplo de lo contrario: ¿Sería Aquelarre una obra tan relevante en su aspecto gráfico si se hubiese limitado a ponerse a rebufo de otros juegos de rol contemporáneos, digamos Vampiro o Kult? No, desde luego que no.

La cosa es que los que tenemos la poca vergüenza de llamarnos a nosotros mismos creadores tenemos la obligación de eso mismo, de crear. Y es que a veces los artistas somos mucho de mirarnos al ombligo, de como dice el Señor Lobo en Reservoir Dogs "chuparnos las pollas" y de dejarnos llevar por lo guay que sabemos hacer nuestras cositas. Y eso está muy feo. Cuando entras en deviantArt, o en cualquier otra plataforma online que recoge el trabajo de muchos artistas de todo el mundo, y te das cuenta de que hay demasiadas obras iguales, que comparten paleta, composición, estilo de pincelada, recursos... es evidente que algo estamos haciendo mal. Como he dicho las tendencias existen, pero no podemos dormirnos en los laureles de "lo que sabemos que mola". Ningún creador parte de cero, ninguno, todos trabajamos sobre "algo", todos tenemos influencias y predilecciones, pero creo que muy negativo quedarnos en eso, en replicar lo que nos gusta, en limitarnos a volver a eso que nos hizo "clic" en la cabeza y nos obligó a coger un lápiz y ponernos a dibujar o a escribir o a componer. Tener talento creativo y limitarse a reproducir el trabajo de otro es desperdiciar ese talento.

Yo mojo las bragas con Jack Kirby y en mi estilo hay muchísimo de The King, y si bien hay veces que no puedo evitar hacer una ilustración que sea una referencia directa a su lenguaje, una copia sin valor, intento poner de mi parte. Por un lado, porque como Kirby sólo dibuja Kirby y nadie le llega ni a la suela del zapato, y porque creo que limitarse a copiarle es traicionar su legado. No creo que él estuviese satisfecho de ver cómo otro dibujante clona ese estilo que le convirtió en leyenda del cómic (debería serlo del arte universal, pero ya sabemos lo tiquismiquis que es el mundo de la cultura con según qué manifestaciones artísticas), si no de ver cómo su estilo es transformado en la obra de otro artista y se mezcla con el lenguaje personal de este. Esto de el arte es un ser vivo, y lo suyo es que se mezcle y se reproduzca dando lugar a organismos nuevos, interdependientes entre sí, pero con personalidad propia.

Volviendo al tema con el que he arrancado la entrada, las ilustraciones para Máscaras de Matar: yo no digo que las pudiese hacer mejor (que ni de coña), pero al menos intentaría hacer algo diferente.

Jae Tanaka.

martes, 24 de noviembre de 2015

El Pulp es una mierda

Vale, lo del título del post es para llamar la atención, lo reconozco. Pero es que hoy esto es largo, y si quiero que alguien lo lea hay que ponerse un poco tremendista. En fin, disculpen ustedes la sucia maniobra, que es por un buen fin.

Desde que comenzó la andadura de ésta bitácora, hace ya algo más de dos meses, hay un tema que he pretendido abordar en numerosas ocasiones y que, por todo tipo de excusas peregrinas, he ido postergando. Así que ya va siendo hora de hablar de uno de los asuntos más polémicos que arrastra la literatura Pulp en nuestros días, el debate sobre su calidad. 

Seamos sinceros, uno de los mantras más escuchados cuando surge el pulp en una conversación de literatura es que es, literalmente, una mierda. Por descontado que, entre una producción tan multitudinaria y tan prolongada en el tiempo, los kilos de papel de pulpa impreso que habrían tenido mejor destino en un retrete deben de contarse por toneladas. Mierda se escribió, y mucha. Y por  contra, tal y como resulta evidente, con una simple mención de autores que nacieron en las páginas del Pulp de las primeras décadas del siglo XX, se puede desmontar la afirmación casi por completo. Y es que eso que llamamos literatura Pulp, que como hemos repetido muchas veces no es un género, sino un fenómeno cultural, ocurre como en el resto de literatura. Hagan ustedes la prueba que les propongo; acudan a una librería grande de esas sin personalidad, La Casa del Libro, la sección de libros de FNAC o de El Corte Inglés, y tras revisar las mesas de novedades traten de ser objetivos. ¿Cuántos libros de los que están viendo no sirven ni para calzar una mesilla? Pues ya saben.

El caso es que, a día de hoy, nadie en su sano juicio debería discutir la innegable calidad literaria de los Howard, Lovecraft, Leiber, Burroughs, Hammet, etc. Que editoriales académicas de prestigio como es el caso de Cátedra, apueste por crear una colección como Letras Populares en las que vuelven a publicarse títulos de estos autores bajo el prisma crítico nos debería dejar las cosas claras. Así que, por este lado, poco más que añadir. Ahora toca abordar el meollo del asunto, el Pulp que se publica y escribe hoy en día, llamémoslo Neo-Pulp, e-Pulp, o como se nos ponga en el Arco de Septimio Severo. 

A día de hoy el Pulp se puede abordar desde tres ópticas principales. Por un lado el de recuperación de títulos originales. En segundo lugar en el de escritura y publicación de obras que tratan de emular las que protagonizaron los momentos de esplendor del género. Y, por último, la de escritura y publicación de obras que, tomando como base las características propias de aquel fenómeno literario, intentan hacer una literatura de corte Pulp pero aprovechando los avances narrativos de nuestro tiempo.

De la primera labor, la de recuperación, desde la perspectiva que me da llevar tres lustros ligado profesionalmente, de una forma u otra, al mundo del libro, creo que se están dando avances pequeños, aunque muy significativos. Que a la labor que editoriales como La Biblioteca del Laberinto se haya sumado gente como la ya mencionada editorial Cátedra con su colección Letras Populares, Darkland, DLorean, la Revista Barsoom, etc. nos da señas inequívocas de que hay un mercado muy interesado en el Pulp. Un tema que retomaré dentro unas cuantas líneas, y que va a resultar muy importante en mi argumentación. 

Y aquí llegamos al meollo de la cuestión, las dos formas de abordar el Pulp en nuestros días, la de los émulos más o menos acertados de los escritos de la Edad de Oro, y la de las obras nuevas que se adaptan a las características del fenómeno narrativo Pulp. Aquí me toca decir eso de, “abróchense los cinturones, que vienen curvas”, y de emplear el plural, incluyéndome en el asunto.

Todos los lectores de Neo-Pulp, hagámonos la pregunta de marras, ¿tienen razón los que afirman que el Pulp actual es una acumulación de estiércol literario? Antes de contestar airados, golpeándonos el pecho en plan King-Kong cuando ve a Ann Darrow tratemos de hacer un ejercicio de autocrítica. ¿Lo que estamos publicando tiene la suficiente calidad?

Veamos, un libro puede estudiarse desde una perspectiva puramente literaria, y otra física y editorial. La primera hace referencia al contenido, a su calidad artística. La segunda al continente, al libro como objeto físico. Pues señores, con la mochila de años que llevo a cuestas viviendo malamente de los libros, estamos haciendo las cosas mal. Para nuestra desgracia, e insisto en que me incluyo, destilamos un peligroso tufo amateur. No niego que estemos escribiendo novelas y relatos con toda nuestra buena intención, que los que editamos libros nos esforcemos por hacerlo lo mejor posible, pero no es suficiente. El 80% de nuestra producción no pasaría el filtro de una editorial grande. Y ese tiene que ser nuestro objetivo claro. 

Así si...este es el camino. Sin perder la
esencia Pulp, un diseño de calidad.
En el plano editorial seguimos publicando obras con diseños de cubierta manifiestamente malos, impropios de una industria con el potencial de la que tenemos entre manos (ahora hablaré de esto mismo). He sido librero nueve años, y no precisamente en un supermercado de libros de usar y tirar. LIBRERO, con mayúsculas. Y si algo tengo claro de esa época es que el libro, para llegar al lector, tiene que tener una presencia física impecable. Una presencia que tan sólo se logra invirtiendo no sólo en buenos ilustradores, sino también en buenos diseñadores. El envoltorio tiene que estar bien trabajado, o no saldremos jamás del nicho estético en el que nos encontramos, que en la mayor parte de los casos no pasa del de obras en una manta en un mercadillo de pueblo. A esto hay que añadir que nos suele faltar una maquetación profesional, y una elección adecuada de papel y fuente de impresión. ¿Queremos que el lector, en cuanto tenga nuestro libro en la mano, no quiera soltarlo, o que ni tan siquiera se acerque a ojearlo? Los lectores son fetichistas por naturaleza. Coño, aprovechemos ese fetichismo. Y si, todo esto cuesta dinero (es lo que tiene tener que contar con auténticos profesionales). Así que, cuando no hay dinero, hay que agudizar el ingenio y trabajar el doble o el triple. La tecnología actual nos ha otorgado herramientas que, con mucho tiempo y práctica, nos pueden ayudar a acercar nuestro producto a los cánones de calidad que deberían de ser nuestra meta.

Y en cuanto al tema literario, que es el que más nos debería preocupar, toca echarse ceniza sobre la cabeza, porque tampoco es que brillemos en exceso. Por alguna razón que se me escapa, en lugar de hacer lo que decía antes, eso de tomar como base las características propias del Pulp clásico para crear una literatura de corte Pulp en la que aprovechemos los avances narrativos de nuestro tiempo, volvemos una y otra vez a repetirnos como una sopa de ajo. Nos hemos convertido, en la mayor parte de los casos, en vulgares imitadores. Y si al menos imitásemos a los grandes maestros, lo mismo esto tenía un pase. Pero no, parece que nos regodeamos imitando los modelos más cutres, más de serie B o serie Z. Que vale que ese tipo de novelas o películas son divertidas. Que en manos de un buen artista se pueden lograr productos narrativos asombrosos (aquí Tarantino, con sus guiones, nos muestra el camino), pero por lo general nos quedamos en émulos baratos. Y no, joder, no, lo estamos haciendo muy mal.

Félix J. Palma. Si leeís su trilogía victoriana
podréis afirmar que es uno de los nuestros.
En España tenemos ejemplos de autores que han triunfado y que, si lo miramos con detenimiento, están produciendo literatura puramente ligada al Pulp: Félix J. Palma, y su Trilogía Victoriana o Pérez Reverte y su Alatriste. Autores que cumplen con el primer requisito que cualquier escritor debería cumplir, y en ocasiones olvidamos con peligrosa facilidad. Conocen y cuidan nuestra principal herramienta de trabajo, que es el lenguaje. Saben emplear nuestro lenguaje con propiedad, desarrollan un estilo literario claro y definido. Tanto el uno como el otro, basándose en la literatura de especulación científica y en los folletines de capa y espada el segundo, toman los elementos que hacen especial al Pulp y logran productos de una calidad indiscutible y con éxito de público. 

Vale, ninguno de nosotros somos Pérez Reverte o Félix J. Palma, ni jamás lo seremos. Pero qué demonios, pongámonos en manos de correctores de estilo antes de dar el ok definitivo a la imprenta. Evitemos que nuestras obras tengan errores estilísticos imperdonables (coño, que he tenido que “sufrir” novelas en las que se emplea el presente, el perfecto simple y el imperfecto casi sin solución de continuidad, en tres párrafos de la misma página, rompiendo cualquier intento de unidad narrativa). Trabajemos a fondo la documentación de nuestras novelas, estén ambientadas en el pasado, el presente o el futuro; en un mundo imaginario o en el nuestro. Por citar un ejemplo, cuando cualquier aficionado al Pulp descubre el trabajo previo de Howard a la hora de construir su Era Hiboria, puede perfectamente entender que jamás necesitara una novela de 1200 páginas para describir uno de los mundos imaginarios más consistentes que se hayan creado. Porque, y ese es un punto a favor que deberíamos explotar, para contar una buena historia y para crear un personaje inolvidable, no se necesita de una saga de siete volúmenes y miles y miles de páginas. Tolkien o Martin no deberían de ser nuestros modelos. Nuestra narrativa, la que nos apasiona y nos mueve, aunque cargada de adjetivos, ampulosa y barroca en ocasiones, en su esencia es como un disparo, seca y directa. Un escritor puede estar años sin escribir una sola palabra, pero jamás deja de leer. La lectura es nuestro alimento, el que nos carga de gasolina creativa. Y si algo nos otorga el bagaje literario Pulp es una capacidad de agarrar la historia por los cuernos, y lanzarnos directos y sin rodeos hacia lo que nos interesa.

Diablos, pongamos de nuestra parte, esforcémonos en salir del papel de payasos de feria, vulgares imitadores de esas novelitas de bolsillo que nos fascinan, y aprovechemos nuestras herramientas. Trabajemos como profesionales, que tenemos un mercado enorme de lectores deseando leer lo que podemos ofrecer. Y tenemos que hacerlo sin olvidar que salimos del barro, literalmente. Estamos en un rincón marginal de la literatura al que las grandes editoriales no hacen ni puto caso. Tan sólo con un trabajo ímprobo de escritura, y otro todavía mayor en autopromoción y de redes sociales (de esto escritoras como Ana González Duque o Aránzazu Serrano nos podrían dar lecciones), podremos crear una base sólida de lectores que nos permitan atravesar la puerta de Penguin Random House o del Grupo Planeta con un puto ariete. Porque, aunque publicar con un grande no garantiza nada (hay numerosos casos de autores de género que han llegado a una grande y que no han pasado de una sola novela, teniendo que volver a las procelosas aguas de la autopublicación), si es cierto que nos otorga unos medios de difusión y publicidad a los que no tenemos ningún acceso. 



Hagamos todo esto, o vendrán desde fuera y nos comerán la tostada. Tomémonos muy en serio nuestro papel de escritores. Respetemos esta bella profesión. Aceptemos que hemos producido mucha basura, que los que nos critican tienen gran parte de razón, y pongámonos manos a la obra para cerrarles la boca de una puñetera vez. Está en nuestra mano.

Eduardo Martínez.